Estados cafeteros de Venezuela: Táchira, Mérida y Trujillo
Venezuela tiene una tradición cafetera que se remonta al siglo XVIII. Conoce los tres principales estados productores, sus perfiles de taza y por qué el café venezolano está resurgiendo en la escena de especialidad.
Cuando uno piensa en café latinoamericano, Colombia y Brasil son los primeros nombres que vienen a la mente. Pero Venezuela tiene una historia cafetera que pocos conocen — y que vale la pena redescubrir.
En el siglo XIX, Venezuela llegó a ser el tercer exportador mundial de café. Las zonas altas de los Andes venezolanos producían granos que competían sin problema con los mejores del continente. Luego vino el petróleo, el abandono del campo, décadas de crisis. Pero el café nunca se fue del todo. Y hoy, pequeños productores están recuperando esa tradición con un enfoque en calidad y especialidad.
Táchira — Café de frontera
Táchira es quizás el estado cafetero más conocido de Venezuela. Colinda con Colombia y comparte la misma cordillera que produce algunos de los mejores cafés del mundo. Los municipios de San Cristóbal, Rubio y Michelena concentran la mayor parte de la producción.
El café de Táchira se cultiva entre los 1.200 y 2.000 metros sobre el nivel del mar. Los suelos volcánicos y las neblinas constantes de la cordillera le dan un perfil muy limpio: acidez cítrica media-alta, cuerpo medio, notas a frutos amarillos y un final dulce que recuerda a la panela. Es un café que se defiende solo tanto en filtro como en espresso.
Las variedades predominantes son Caturra y Catuaí, aunque algunos productores están experimentando con Geisha y Bourbon rosado para diferenciarse en el mercado de especialidad.
Mérida — Altura extrema
Si hay un lugar donde el café venezolano muestra todo su potencial, es Mérida. Este estado tiene algunas de las plantaciones más altas del país, llegando hasta los 2.200 metros en zonas como El Morro, Pueblo Llano y Piñango.
A esa altitud, los granos maduran más lento. El resultado es una densidad alta, más azúcares concentrados y una complejidad aromática que pocos cafés pueden igualar. Un buen café merideño tiene acidez de mandarina o lima, cuerpo sedoso y notas a chocolate negro con miel de abeja.
El problema histórico de Mérida ha sido la falta de acceso a mercados de especialidad. Muchos productores venden su café como commodity, sin que el mercado reconozca la calidad que están produciendo. Pero eso está cambiando: iniciativas de tostadores peruanos y colombianos están empezando a trabajar directamente con cooperativas merideñas.
Trujillo — El renacimiento
Trujillo completa el trío cafetero venezolano. Menos conocido que Táchira y Mérida, está ganando atención por una razón: la variedad Maragogipe, también llamada "café elefante" por su tamaño de grano excepcional.
Los cafés de Trujillo tienen un perfil más bien dulce y achocolatado, con cuerpo completo y acidez baja pero muy limpia. Son cafés fáciles de tomar, que funcionan muy bien para quienes vienen del café comercial y quieren dar el salto a la especialidad sin sentirse abrumados por acidez intensa.
El municipio de Boconó es el epicentro de este resurgir. Ahí se están haciendo las primeras catas de especialidad con estándares de la SCA (Specialty Coffee Association), y los puntajes — que rondan los 83-85 puntos — ya están atrayendo la atención de compradores internacionales.
¿Cómo se compara con el café peruano?
Perú lleva años consolidado como productor de café de especialidad. Regiones como Cajamarca, Cusco y San Martín tienen infraestructura, asociaciones de productores y canales de exportación bien establecidos.
El café venezolano tiene un perfil distinto: es más dulce en general, con menos acidez que un café peruano típico, y un cuerpo más pronunciado. Esto lo hace ideal para blends o para quienes buscan un café de filtro redondo sin aristas.
Para el mercado peruano, el café venezolano representa una oportunidad interesante: probar algo distinto sin salir de la tradición andina. Y para el cafetero curioso, es una excusa perfecta para ampliar el paladar.
Dato curioso
El café venezolano tiene denominación de origen protegida para cuatro zonas: los estados andinos que acabamos de ver. Pero también hay producción en otros estados como Monagas y Portuguesa, aunque en menor escala.
En Kaffelito trabajamos con orígenes seleccionados que respetan este legado. Nuestros granos vienen de cooperativas que priorizan la calidad sobre el volumen, y cada lote se tuesta para resaltar las características del origen.
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