El café que los italianos llamaron "azul"
En los Altos Mirandinos crece un grano azulado ligado a una historia singular de café venezolano. Esta es la historia que todavía estamos reconstruyendo.
Hace unas semanas tomé café con un catador en Lima. Le conté que Kaffelito trabajaba con Venezuela. Me miró con esa mezcla de curiosidad y escepticismo — la que ves cuando alguien dice "café venezolano" en una sala donde todos creen que Venezuela dejó de producir café hace treinta años.
Le solté dos palabras: Caracas Blu.
Cambió la cara.
Un nombre que los italianos le dieron
No es una variedad. No es un híbrido. Es la tierra misma la que le da color al grano.
A mediados del siglo XIX, los cafés del Valle de Caracas — los que crecían en las haciendas de Chacao, El Cafetal, Las Mercedes, Antímano — tenían una rareza que los compradores italianos no podían ignorar. Los granos verdes, antes de tostarlos, no eran amarillos ni verdes como todos los demás. Eran grisáceos. Azulados. Tornasolados.
Los italianos, que eran compradores importantes del café venezolano, los bautizaron Caracas Blu. Azul, en italiano. La cifra del 15% aparece en relatos periodísticos sobre esa historia, pero no encontramos un registro comercial primario que permita presentarla como una comparación universal. Por eso la tratamos como una afirmación atribuida, no como un hecho cerrado.
¿Qué hace que un grano sea azul?
No es magia. El IVIC relaciona el tono azulado con las características edáficas de la zona de Altos de Pipe, en los Altos Mirandinos. La institución también sitúa sus cultivos entre 1.600 y 1.750 metros sobre el nivel del mar.
La tonalidad se describe como una característica del terreno y del café en la documentación del IVIC. No hace falta añadir una cita que no podamos enlazar: la fuente institucional es suficiente para separar lo observado de lo que todavía necesita más investigación.
La coloración se describe como azul grisácea y puede apreciarse en el grano crudo. El IVIC relaciona ese tono con las características edáficas de la zona; cualquier explicación mineral específica necesita una fuente técnica adicional antes de presentarse como conclusión.
La desaparición
El petróleo lo borró todo.
A principios del siglo XX, Venezuela era uno de los mayores exportadores de café del mundo. Las haciendas del Valle de Caracas — La Floresta, Blandín, San Felipe Neri, La Vega — eran el corazón productivo. Hoy son urbanizaciones que llevan esos nombres sin saber que bajo el asfalto hay tierra que una vez produjo el café más cotizado del mundo.
La expansión de Caracas, alimentada por el petróleo, eliminó las haciendas. Los cafetos fueron arrancados. Y el Caracas Blu se convirtió en una leyenda que los viejos recordaban pero nadie podía probar.
Hasta ahora.
Lo que está pasando en silencio
No te voy a contar todo hoy. Pero sí esto: en 2024, el IVIC documentó la producción de café sembrado en Altos de Pipe después de años de cuidado. La institución describe su tono azulado y el trabajo de investigación alrededor del cultivo; no presenta en esa nota una prueba pública de que cada planta sea centenaria.
En otra nota oficial, el IVIC registra que el café obtuvo un nivel de excelencia de 87. La misma publicación explica que se contemplaba enviarlo a Europa para una certificación de calidad. Esa es la formulación que podemos respaldar.
Y el color azul seguía ahí.
Lo que viene
Esta historia tiene más capas. En los siguientes capítulos contamos cómo se perdió lo que parecía imposible de perder, quién lo rescató cuando todos lo daban por muerto, y lo que un barrio de Caracas tiene que ver con todo esto.
La historia continúa en la Parte 2: La pérdida.
Si algo te llevas de este post, que sea esto: el café azul de Venezuela no es solo un mito. Hay observaciones institucionales sobre su cultivo y una historia comercial que todavía merece mejores archivos.
Y está volviendo.
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